Historia

La Unión Musical Porteña recupera un siglo de historia de las bandas de música en El PuertoLa entidad reconstruye la historia de primeras bandas, su relación con la industria y el nacimiento de la actual sociedad musical

La Unión Musical Porteña ha publicado un amplio trabajo de investigación, realizado por Ignacio Belzunces, que reconstruye la historia de las bandas de música de El Puerto desde los primeros años, cuando todavía era un poblado industrial, hasta la constitución de la actual entidad en 2004.

No se trata únicamente de una «cronología musical». El recorrido permite contemplar la propia evolución social del pueblo a través de sus bandas, sus escuelas de educandos, sus músicos y la relación que mantuvieron con las empresas que gobernaron buena parte de la vida económica y comunitaria de la población.

El trabajo, disponible en la sección de Referencias Históricas de la Unión Musical Porteña, reúne documentación empresarial, publicaciones anteriores, fotografías y testimonios orales como los del veterano músico José Moliner Torró, cuya memoria resulta fundamental para reconstruir unas agrupaciones de las que apenas quedaban referencias dispersas.

Dos bandas para un pueblo dividido socialmente

La investigación sitúa las primeras formaciones musicales estables en los años veinte del pasado siglo. Por un lado se encontraba la Sociedad Musical Sota y Aznar, promovida por los empresarios vinculados al nacimiento de la industrial. Por otro, tras la proclamación de la Segunda República, apareció la denominada Banda de los Republicanos, vinculada a la clase trabajadora.

Aquellas agrupaciones eran conocidas popularmente por sus apodos. La banda de Sota y Aznar era la de los «caracoleros», mientras que los republicanos recibían el sobrenombre de «los gitanos», debido a la falta de uniformidad de sus músicos.

La división musical reproducía, en buena medida, la división social y política existente. Una banda estaba vinculada a la empresa y a los sectores acomodados; la otra representaba una cultura obrera, republicana y popular que también trataba de abrirse espacio en la nueva población.

Entre los protagonistas de aquella primera etapa aparece Miguel Villar González, que llegó a dirigir la banda de Sota y Aznar en 1929, cuando contaba solamente dieciséis años. La Guerra Civil interrumpió aquellas experiencias y dejó durante varios años a El Puerto sin sociedades musicales, escuelas de educandos ni bandas propias.

La banda de Altos Hornos

La actividad se recuperó en 1942 con la creación de la sociedad musical Santa Cecilia de Altos Hornos de Vizcaya, dirigida por José Lledó Sampedro, conocido como el Tío Piché.

La nueva banda estuvo profundamente vinculada a la fábrica. Sus integrantes eran trabajadores de la siderúrgica y, cuando participaban en ensayos, conciertos o pasacalles, percibían el salario como si estuvieran desarrollando su jornada laboral.

Los documentos recogidos por la Unión Musical muestran hasta qué punto la empresa controlaba aquella actividad. En 1949, la dirección de Altos Hornos destinó a Lledó de manera exclusiva a las tareas musicales, la enseñanza, el acompañamiento de los actos religiosos y la formación de nuevos instrumentistas.

La banda actuaba habitualmente en la Alameda, especialmente después de la misa de doce de la iglesia de Begoña. También participaba en procesiones, cabalgatas y celebraciones públicas. Una de las anécdotas recuperadas explica que, debido a la escasa iluminación nocturna, los músicos llegaron a tocar con linternas sujetas a la cabeza y alimentadas mediante pilas guardadas en los bolsillos.

Cuarenta años sin una sociedad musical propia

La banda de Santa Cecilia desapareció en julio de 1962, coincidiendo con el progresivo abandono del modelo paternalista de Altos Hornos. La empresa comenzó a desprenderse de servicios sociales y culturales que hasta entonces había financiado como parte de su control sobre la ciudad-fábrica.

Una decisión empresarial dejó nuevamente a El Puerto sin sociedad musical propia. Muchos de sus músicos se incorporaron a la Lira Saguntina, que incluso se desplazaba cada dos domingos en el trenillo para ofrecer conciertos en la Alameda.

Esta situación se prolongó durante más de cuatro décadas. No fue hasta abril de 2004 cuando comenzó a organizarse un nuevo proyecto musical específicamente porteño. La respuesta popular fue inmediata: en menos de dos meses se habían incorporado 242 socios.

El 23 de junio se celebró la asamblea constituyente y el 28 de julio quedó formalizada el acta fundacional de la Unión Musical Porteña. En septiembre de aquel mismo año, su recién creada escuela de música ya había matriculado a 138 alumnos.

El primer ensayo de la banda se celebró el 17 de diciembre de 2004 con dieciocho músicos. Su concierto inaugural tuvo lugar el 29 de mayo de 2005 ante más de 600 personas.

Recuperar la memoria para comprender El Puerto

El trabajo publicado por la Unión Musical Porteña aporta nombres, fechas, fotografías, documentos y testimonios que permiten ordenar una historia hasta ahora fragmentada.

Pero su mayor valor está en mostrar que las bandas de música nunca fueron un elemento secundario de la vida porteña. Estuvieron presentes en las luchas políticas, en las relaciones laborales, en el paternalismo empresarial, en las fiestas, en la educación de generaciones de jóvenes y en la creación de una cultura popular propia.

Con esta investigación, la Unión Musical Porteña no solo reconstruye sus antecedentes. Recupera una parte de la historia colectiva de El Puerto, reúne testimonios y documentos dispersos y preserva una memoria que, durante décadas, había permanecido fragmentada o en riesgo de perderse.

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