
Foto SPV. Calle Sagasta 01/07
La presión acaba con la huelga de la SAG tras siete días de basura en la calleEl paro de recogida de residuos y aseo urbano queda desconvocado después de un acuerdo entre Alcaldía y el Comité de Empresa, pero el conflicto deja al Ayuntamiento obligado a explicar por qué se llegó hasta aquí
La huelga del servicio de recogida de residuos y aseo urbano de la SAG ha quedado desconvocada tras siete días de paro, acumulación de residuos y tensión política en plena temporada de fiestas, playas y actos multitudinarios.
El acuerdo se ha alcanzado entre la Alcaldía del Ayuntamiento de Sagunto y el Comité de Empresa, integrado por representantes de UGT, CCOO y CGT, según ha comunicado el propio consistorio. La desconvocatoria permitirá iniciar la recuperación progresiva de la normalidad en un servicio básico que durante una semana ha puesto en evidencia la fragilidad de la gestión municipal.
La lectura institucional será, previsiblemente, la del acuerdo. Pero la lectura social es otra: ha hecho falta una huelga, basura acumulada, presión vecinal, presión sindical y presión política para que el Ayuntamiento cerrara un conflicto que venía arrastrándose desde mucho antes.
El pacto recoge, según la versión municipal, la propuesta que ya habían puesto sobre la mesa la dirección de la SAG y el Ayuntamiento antes de la huelga, con una medida adicional que ha permitido desbloquear el consenso: aplicar desde septiembre de 2026 y hasta final de año el plus de productividad por domingos y festivos, con un importe de 50 euros.
El acuerdo incluye además mejoras retributivas para 2027, compensaciones por domingos y festivos, regulación de fines de semana extraordinarios voluntarios, creación de un octavo trienio de antigüedad, ayuda escolar para hijos e hijas en Primaria y Secundaria y la eliminación progresiva del premio de jubilación.
Pero reducir lo ocurrido a una tabla de cantidades sería quedarse en la superficie. El conflicto de la SAG no ha sido solo una disputa de convenio. Ha sido una crisis de servicio público. Durante una semana, la limpieza urbana, los contenedores, los ecoparques y la imagen diaria de la calle han quedado atrapados en una negociación que el Ayuntamiento no logró cerrar antes de que estallara.
Y eso tiene consecuencias políticas.
Porque la huelga no cayó del cielo. Llegó después de meses de negociación, de malestar en la plantilla y de advertencias sindicales. Llegó, además, en uno de los peores momentos del calendario: verano, fiestas, playas con más afluencia y más generación de residuos. Todo eso era previsible. Lo que no era obligatorio era llegar tarde.
El Ayuntamiento ha informado de que el contenido del acuerdo se trasladará ahora a la comisión negociadora del convenio colectivo para su incorporación, desarrollo técnico y formalización jurídica. También se creará una comisión de seguimiento con representantes designados por Alcaldía, la SAG y el Comité de Empresa para velar por su cumplimiento.
Eso será importante. Porque la recuperación de la normalidad no termina con la firma. Habrá que ver cuándo se limpian los puntos más afectados, cómo se reorganiza el servicio, qué ocurre con los ecoparques, qué balance deja la huelga y qué coste ha tenido la gestión del conflicto.
La semana de huelga deja también preguntas que no desaparecen con el acuerdo: los servicios mínimos denunciados por los sindicatos, la gestión de la información pública, la seguridad privada denunciada durante el conflicto y la actuación política del Gobierno municipal. El pacto desconvoca la huelga, pero no borra la gestión previa.
La ciudadanía tiene derecho a que se recupere cuanto antes el servicio. Pero también tiene derecho a saber por qué una empresa pública municipal ha llegado a siete días de huelga en plena temporada alta y por qué el acuerdo no se cerró antes de que la basura terminara siendo el cartel más visible del conflicto.
La presión ha acabado con la huelga. Ahora queda lo más incómodo para el Ayuntamiento: explicar por qué fue necesaria tanta presión para apagar un incendio que se veía venir.
