Virgen de los Dolores: los vecinos acusan a Darío de «favorecer a las monjas»La existencia de alternativas al corte y el impacto sobre el tráfico alimentan las críticas por una actuación centrada en el entorno del María Inmaculada
«¿Qué le debe Darío a las monjas?». La frase comienza a escucharse entre vecinos de Virgen de los Dolores y de las calles próximas después de la actuación ejecutada por el Ayuntamiento de Sagunto alrededor del colegio María Inmaculada.
La acusación es directa: consideran que el alcalde, Darío Moreno, ha priorizado las necesidades de un centro concertado religioso frente a los efectos que el cierre provoca sobre la movilidad del conjunto del barrio.
No existe ningún dato que permita hablar de trato irregular o de algún tipo de acuerdo oculto con el colegio. Lo que sí existe es una pregunta política que el Ayuntamiento tendrá que responder: ¿Por qué se ha escogido esta solución cuando había otras alternativas conocidas por el propio consistorio?.
La documentación de la EDUSI JOIN SAGUNT ya describía desde 2017 los problemas de Virgen de los Dolores. Señalaba «aceras estrechas», «tráfico denso» y, en el entorno escolar, «salida colegio (colapso)». La respuesta que aparecía en esa misma planificación era clara: «calles con plataformas únicas».
Este sistema coloca calzada y espacio peatonal prácticamente a la misma altura, permite ampliar la zona destinada al peatón, reducir de forma considerable la velocidad y establecer su prioridad sin necesidad de suprimir completamente la circulación.
Y no era una solución desconocida para el Ayuntamiento. En la reurbanización de la plaza del Sol, un tramo de Virgen del Carmen se convirtió precisamente en plataforma única, manteniendo el paso de vehículos. La pregunta vecinal nace de esa comparación y de otras actuaciones similares mucho menos agresivas con los vecinos.
Una decisión que afecta a todo el entorno
Virgen de los Dolores no es una calle aislada dentro de la red viaria de El Puerto. El propio Ayuntamiento había descrito en esta zona situaciones de «tráfico denso», «confluencia de tráfico» y había señalado el encuentro con Camp de Morvedre como «punto negro de tráfico».
El proyecto actual maneja cifras aproximadas de entre 120 y 140 vehículos por hora durante el día.
Hasta ahora, la calle formaba parte de una conexión transversal entre Camp de Morvedre, Virgen de los Dolores y 9 d’Octubre, enlazando además con Jerónimo Roure, uno de los principales ejes de salida de El Puerto. El cierre rompe esa continuidad. Y el tráfico que deja de atravesar Virgen de los Dolores deberá repartirse necesariamente por otras calles próximas.
Porque los coches no desaparecen al cerrar una calle. Cambian a otra
Ese es uno de los argumentos que más pesa entre los vecinos críticos con la actuación: el entorno inmediato del María Inmaculada gana espacio y pierde tráfico, mientras otras zonas asumen parte de los vehículos desviados.
A todo ello hay que añadir la pérdida de plazas de aparcamiento. ¿Ha valorado el Ayuntamiento eliminar el aparcamiento ORA en la zona para compensar, al menos en parte, las plazas que desaparecen con la actuación? ¿O también en este caso pesarán más los intereses de la empresa concesionaria que las necesidades de los vecinos?
La discusión ya no es sobre proteger a los escolares
La seguridad de los niños no debería ser objeto de discusión. Lo que se discute es cómo protegerlos.
Si existía la posibilidad de reducir la velocidad, ampliar el espacio peatonal y dar prioridad a quienes caminaban sin romper completamente la circulación, resulta legítimo preguntar por qué se descartó esa opción. Y, sobre todo, por qué se optó por una intervención que beneficia de manera especialmente visible al entorno inmediato de un colegio concertado religioso mientras modifica la circulación de todo el sector.
Ahí es donde la discusión deja de ser únicamente urbanística.
Algunos vecinos consideran que el Ayuntamiento ha hecho recaer sobre el barrio las consecuencias de una decisión pensada esencialmente para el María Inmaculada. Por eso aparecen expresiones como «favorecer a las monjas» o la pregunta, mucho más áspera, de «qué le debe Darío a las monjas».
Son acusaciones políticas de los vecinos, no hechos acreditados.
Pero también son el resultado de una decisión que el Ayuntamiento todavía tiene que justificar con algo más que la seguridad escolar. Porque el problema no es si había que actuar en Virgen de los Dolores. El problema es por qué se eligió precisamente esta actuación cuando había otras formas de hacerlo.
