Conduce como puedas y aparca en las afueras: el Ayuntamiento de Sagunto corta una arteria principal del PuertoEl cierre permanente de la calle Virgen de los Dolores duplica recorridos, sobrecarga calles secundarias y convierte una conexión directa en un laberinto los 365 días del año
Las barreras ya están colocadas. Una fila de jardineras ocupa la calzada de Virgen de los Dolores y los elementos provisionales anticipan el nuevo callejero. La imagen de los últimos días de agosto puede resultar engañosa: apenas circulan vehículos porque una parte de la población continúa de vacaciones y los colegios siguen cerrados. No es que el corte funcione. Es que aún no ha comenzado la prueba.
La verdadera dimensión de la actuación aparecerá con la recuperación de la actividad cotidiana y el comienzo de las clases. Entonces se comprobará qué sucede cuando una calle que funcionaba como conexión directa deja de hacerlo y su tráfico se dispersa entre vías secundarias, giros e intersecciones.
No estamos ante una ampliación de los cortes puntuales que ya se realizaban durante las entradas y salidas escolares. Aquellas interrupciones duraban unos minutos y respondían a unos horarios concretos. La nueva ordenación suprime la continuidad de Virgen de los Dolores durante las 24 horas y los 365 días del año: también de noche, los fines de semana, los festivos y durante las vacaciones escolares.

Una arteria menos y los mismos desplazamientos
Virgen de los Dolores constituye la única conexión directa entre la avenida Camp de Morvedre y la avenida 9 d’Octubre en este sector. El eje continúa hacia la zona de la Unión Musical Porteña y enlaza con uno de los itinerarios de salida de la población. Cortarlo en dos puntos —junto a María Inmaculada y a la altura del número 44, frente al CEIP Mediterráneo— no elimina la necesidad de desplazarse entre ambas zonas. El Ayuntamiento elimina el camino más corto, no los vehículos que necesitan utilizarlo.
Las propias cifras municipales permiten medir el tamaño del problema. La información publicada a partir de los estudios del Ayuntamiento habla de 124 vehículos por hora, mientras que el dato comunicado a los vecinos se sitúa alrededor de 140 movimientos por hora. Aplicadas a la franja comprendida entre las 9:00 y las 20:30, ambas referencias representan entre 1.426 y 1.610 movimientos, aproximadamente uno cada 25 o 29 segundos.
No son vehículos diferentes ni está demostrado que todos atraviesen el eje completo. Pero las cifras acreditan que no se está cerrando una calle residual. Se elimina una conexión utilizada de forma constante sin que se haya difundido un estudio que explique cómo absorberán ese tráfico las calles receptoras.
De 360 a 795 metros para llegar al mismo sitio
La comprobación cartográfica de un mismo origen y destino (tramo correspondiente a cruzar de una avenida a otra) muestra el castigo impuesto al conductor. El trayecto directo actual mide aproximadamente 360 metros. El desvío legal más corto alcanza unos 795 metros.
El tiempo aumentará previsiblemente más que la distancia. Los nuevos recorridos incorporan intersecciones, ceda el paso, cambios de dirección, calles con estacionamiento y tramos de un solo carril. A los metros adicionales se sumarán esperas, maniobras y colas cuando varios vehículos coincidan en los mismos puntos.
En el supuesto máximo, si los 1.610 pasos de vehículos registrados durante el día continuan y tuvieran que completar el desvío mínimo, la suma de todos los desplazamientos supondría unos 700 kilómetros adicionales cada jornada.
Es una estimación máxima, ya que no todos los vehículos realizan necesariamente el recorrido completo.
El atasco repartido y permanente
El tráfico tendrá que distribuirse por vías próximas como Gómez Ferrer, Progreso, Luis Vives, Pablo Iglesias y sus correspondientes cruces. La carga no recaerá íntegramente en una sola calle, pero precisamente ahí reside otra consecuencia: el problema se extenderá por el barrio y previsiblemente afectara a las dos avenidas proncipales.
Habrá más vehículos buscando salida, más giros frente a pasos de peatones, más frenadas junto a fachadas y más coincidencias con garajes. La circulación desaparecerá del espacio cerrado, pero reaparecerá fragmentada en puntos donde la visibilidad, la anchura o la capacidad pueden ser menores. Cambia el lugar del conflicto pero no desaparece: se incrementa.
La red urbana también pierde una de sus rutas directas. Una avería, una descarga, una obra o un vehículo detenido en cualquiera de las alternativas dejará menos posibilidades para repartir la circulación. La malla viaria se vuelve más rígida precisamente donde el Ayuntamiento asegura estar mejorando la movilidad.
Los residentes próximos serán los primeros en pagar la decisión. Con la nueva configuración, accesos, visitas y recorridos cotidianos quedan condicionados permanentemente. A ello se añade la pérdida de plazas de estacionamiento en una zona donde ya existe presión para aparcar.
El perjuicio también afecta a los turismos. Repartidores, taxis, carga y descarga, mantenimiento, recogida de residuos y servicios de emergencia tendrán que adaptarse a los nuevos accesos. Cada giro adicional parece pequeño sobre un plano; repetido cientos de veces se convierte en tiempo, combustible, ruido y circulación acumulada delante de otras viviendas.
La quietud de agosto no valida nada. Las fotografías actuales solo demuestran que el obstáculo ya está colocado. La prueba llegará con el regreso del tráfico ordinario, los colegios y la actividad comercial.
El Ayuntamiento llama a esta operación «pacificación» (como si los vecinos del Puerto fueran una panda de camorristas a los que hubiera que «pacificar») pero sobre el terreno, el resultado es: una arteria cortada, recorridos duplicados, calles secundarias sobrecargadas y un problema de unas horas convertido en un laberinto permanente.
